La nostalgia me atropelló cuando descubrí que había vivido, que había soñado con momentos de locura que pude alguna vez disfrutar y entonces, cuando la realidad golpeó el parabrisas de mi alma todo se fue al carajo.
Era el momento de decidir qué hacer con todo el huracán de sentimientos que, desde hace muchos años tenía guardado en una pequeña caja de cristal al fondo del último cajón del velador... Justamente hablando de objetos olvidados recordé que al lado de mis mejores recuerdos, en una caja igual había echado al olvido un corazón partido por la mitad.
Decidí voltear todo el cajón encima de mi cama y me di cuenta que una gran montaña rusa de sensaciones y sentimientos se encontraban empolvados junto con mi colección de llaveros y la caja de curitas que compré alguna vez, me di cuenta del desorden, mas de treinta años después, pero nunca es tarde, creo, para limpiar las memorias, botar las decepciones y ventilar los pedazos de alma que aún quedan intactos...
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